Llego a la
fiesta
con el
corazón latiendo en las manos.
La veré
después de meses,
después del
frío,
después del
vacío.
Estás tan
hermosa, tan brillante.
Yo, solo un
guapo callado.
Hola.
Venía a
decirte que bailaras a mi lado.
Disculpa, no
sabía, no pensaba,
que alguien
ya se muere por ti.
Ella lo
mira.
Le duele su
tristeza.
Le duele su
amor tardío.
“No me
compadezcas”,
admito la
derrota.
Eres
perfecta.
Yo, un
perfecto idiota.
Diminuto.
Casi nada
sin ti.
Mientras
bailas,
muero.
Mientras
ríes,
quiebro.
Quiero que
pare la música,
que calle la
orquesta,
que todo
desaparezca.
Pero no hago
nada.
Solo me
pierdo,
me disuelvo,
me vuelvo
nadie,
asumo la
derrota.
Bailas,
locamente
enamorada.
Y yo,
transparente.
Me digo que
no pasa nada.
Pero sí
pasa.
Lo que pasa
eres tú.
Bailas
y no sabes
que mi mundo
entero
se destruye.
Y al verlos juntos,
en un minuto,
el fin del mundo.

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